En aquel año de 1993, concretamente en noviembre, Vladimir
Kramnik jugó en Alcobendas un encuentro amistoso contra Miguel Illescas. Cinco
meses antes, ambos ya habían estado en la ciudad madrileña, invitados por el
Ayuntamiento a pasar unos días en la Residencia de Deportistas.
De aquellos días conservo muchos recuerdos y anécdotas
interesantes. Entonces Kramnik era un joven de 17 años, de trato agradable, con
un gran sentido del humor, siempre dispuesto a jugar un partido de fútbol o de
tenis.
Por supuesto, tenía esa madurez precoz (madurez a veces
parcial, claro está) que tienen todos los grandes ajedrecistas que destacan
desde niños. Pero, además, ya entonces apuntaba una característica que es, en
mi opinión, la que mejor le define: la determinación a la hora de cumplir sus objetivos,
determinación que le convierte en un auténtico “terminator” cuando algo se
interpone entre esos objetivos y él.
Es curioso porque se le ha acusado a menudo de lo contrario:
falta de determinación, excesivo conformismo… tendencia a la vida relajada… En
mi opinión este malentendido se debe a que Vladimir se ha propuesto
frecuentemente objetivos modestos (especialmente en torneos), pero cuando ha
sido ambicioso se ha podido ver al verdadero Kramnik. ¿Basta el talento acaso
para derrotar a Kasparov en un encuentro por el Campeonato del Mundo?
Volviendo la vista atrás a aquel 1993, por ejemplo, en las
simultáneas no tenía inconveniente en regalar tablas a casi todo el mundo. Pero
en el encuentro con Illescas no podía permitirse perder Elo, y lo jugó
completamente en serio. Logró 4,5 puntos en 6 partidas. Si la situación lo
permite, Kramnik es divertido y puede parecer conformista, pero con un objetivo
de por medio no conoce amigos.
En aquel encuentro amistoso, nada más llegar a Alcobendas,
Kramnik ya se quejó del alojamiento. Esto sorprendió a la Organización, ya que era la misma Residencia de Estudiantes que le había encantado en su
visita anterior. Sin embargo, si se analiza la situaación, la cosa está muy
clara: la Residencia de Estudiantes estaba bien para unos días de semi-relax,
pero no le parecía adecuada para alojarse durante la disputa de un encuentro
con el Elo en juego, y no estaba dispuesto a ceder en eso aunque tanto Illescas
como los organizadores fueran sus amigos.
Después de aquellos años le he visto muy poco, pero he
podido seguirle a través de comentarios de gente allegada a él. Los miembros de
su equipo son sus amigos, pero durante la preparación de torneos o encuentros
los trata como un auténtico negrero: una prueba más de su determinación cuando se
toma las cosas en serio.
Ante el encuentro de Elista, Kramnik parte con una victoria
de antemano, y es que, a pesar del desinterés de la FIDE y de la dejación de Kasparov, a pesar de su bajada en el ranking y de sus problemas con
Leko y con la salud, ha logrado que se jugara este encuentro. Un logro más de
su tremenda determinación.
Claro que eso no será suficiente para batir a Topalov, del
que hablaré en la próxima y última entrega.