
Topalov y Kramnik hace 13 años.
De Topalov no puedo decir mucho
más de lo que todo el mundo sabe. Tuve ocasión de verle en Jerez de la Frontera en 1992, cuando, con su inseparable Danailov, llevaba ya varios meses en España
acumulando dinero y Elo en torneo tras torneo. Vesselin ganó aquel torneo,
aunque por el ranking inicial no era el favorito.
Dos años después, en 1994, ya
había estrenado en Linares sus flamantes 2640, traspasando esa barrera, que
algunos llaman insuperable, que separa el mundo de los suizos tumultuosos del
de los cerrados elitistas.
Con todo, cuando supe que era el
jugador contratado para enfrentarse a Illescas en Alcobendas ese año, me sentí
decepcionado. Mis favoritos para ese puesto eran Salov o Shirov, pero no se
puedo concretar con ellos. Quizá inconscientemente Topalov todavía era para mí
un simple “jugador de abiertos”…
El búlgaro llegó a Barajas con
dos días de retraso por unos problemas con la organización del Torneo de
Montpellier. Aquello estuvo a punto de cargarse el encuentro amistoso, pero por
suerte los implicados fueron generosos y se pudo jugar.
Como siempre, me tocó ir a
buscarle al aeropuerto. Ya allí empecé a cambiar mi imagen de él: mi recuerdo
de Jerez era de un jugador más bien bajito, sin embargo medía cerca de 1,75.
Por supuesto hablaba un buen español.
Yo preferí no tocar el tema de su
retraso, así que la conversación giró en torno a la participación de Danailov
en el Torneo Cerrado del Festival. Topalov estaba seguro de que su amigo
ganaría, pero en eso el que acertó fui yo (ganó Ionov por medio punto). Luego
encontramos un punto de coincidencia: nuestra admiración hacia Hristo
Stoichkov.
Durante el encuentro no hubo más
incidencias, por lo que mi relación con él fue casi nula. Topalov cumplió el
pronóstico derrotando a Illescas por +3=2-1 y se fue por donde había venido.
Al contrario que Kramnik, no dejó
una especial impresión entre nosotros. Sin embargo, en la entrevista que le
hizo para el boletín del Festival, Federico Marín dejó las claves de aquella
falsa impresión:
“Prefiere vestirse con piel de
cordero y declararse “poco ambicioso”. Bajo su apariencia modesta, sin embargo,
es un depredador del tablero y ocupa la segunda posición en la lista Elo de los
menores de 20 años, por detrás tan sólo de Kramnik”.
Buen olfato, Fede. Doce años
después, el lobo se ha quitado la piel de cordero y ha enseñado sus garras y
dientes a todo el mundo del ajedrez. Investido de Campeón Mundial, se permitió
incluso ningunear a Kramnik (contradiciendo a su propio manager) cuando éste le
lanzó el reto por un encuentro de reunificación.
Sin embargo, ahí están los dos.
Determinación no les falta, preparación tampoco, y talento menos todavía. Han
tenido que vencer muchas dificultades para llegar hasta aquí. Ninguno de ellos
se va a dejar avasallar.